Caos en La Central

No sé si estoy cabreado.
No sé qué es verdad y qué es mentira.
No sé si son unos progres de poca monta.
No sé, la verdad.

Pero lo que sí que sé es que me he quedado un poco flipado tras leer la entrevista en Jot Down a Marta Ramoneda, una de las fundadores de La Central, y los 175 comentarios que la preceden —sí, todos y cada uno de ellos—. Seguro que todo el mundo sabe de qué hablo —¡a buenas horas, mangas verdes!, lo sé, pero me he cogido unos días libres en esto del internet—: tras la bonita entrevista en la que el amor por lxs librerxs no puede hacer otra cosa que crecer, se acusa a La Central de maltratar a sus trabajadores, de sexistas, de competencia desleal con (¿o contra? ¿Cuál es la preposición correcta?) Laie, etcétera.

Primero me he cabreado, y mucho. Y no me acusen de progre o de pijoprogre o de algo similar por lo que diré a continuación, que tengo veintiséis años y por edad no me toca ninguna de esas etiquetas —acaso la de gilipollas—, pero tras varios años de crisis económica y algunos más de crisis cerebral en este país, me parece demente que sigan existiendo modelos empresariales vestidos de guayismo que, al mismo tiempo, desprecian con total impunidad el trabajo de sus empleados. Empleados sin los que, por cierto, esos negocios no serían tal cosa. Y no hablo únicamente de que las contraprestaciones económicas sean más o menos cuantiosas, que eso da para otro libro y no me apetece entrar a discutir el puñetero argumento de “estamos en crisis” que todo jefazo de bien está exprimiendo. Hablo de no saber valorar e incentivar el trabajo en equipo, de que las decenas de horas semanales que invierten los empleados en un proyecto no se valoren y se permita que esas personas sientan que las están tirando a la basura. Hablo también de seguir usando la maldita gestión a través del terror: olvidadlo, no hace que un trabajador trabaje mejor, hace que lo haga siguiendo escrupulosamente las reglas procurando no cagarla para evitar nuevas reprimendas —en consecuencia, desincentivando la creatividad— y que, al llegar a su casa, tenga ataques de ansiedad y que cada vez que suena el despertador para ir a trabajar se cague en su puta vida —y perdonen la expresión—, por muy bien que lo haga todo.

Pero luego me he puesto a escribir esto y vuelvo a mis cuatro constataciones iniciales: no sé qué es verdad y qué es mentira en todo este asunto de La Central, no sé nada. Por supuesto, no voy a dar por válidos ni los comentarios en contra ni los comentarios a favor: no conozco de primera mano lo que ahí se dice ni tengo los datos suficientes para contrastarlo. Y tampoco voy a romper en un ataque de ira mi carnet de La Central, a nadie debe negársele el beneficio de la duda. Pero creo que sus clientes —me incluyo— merecen una explicación más convincente que el comunicado que publicaron en el blog el pasado 31 de diciembre que, más allá de parecer un manual infumable de legislación laboral, no responde en absoluto a las inquietudes vertidas en los comentarios en la página web de Jot Down. Como bien decía en la entrevista Marta Ramoneda, el núcleo duro de su existencia está en unos pocos lectores que gastan cientos de euros anuales en su librería —yo gasto allí algunas decenas, el resto lo invierto en otras librerías también, por aquello de diversificar mis inversiones—, y ese núcleo duro, a día de hoy, espero, no está dispuesto a invertir su dinero en una empresa sospechosa de tales actos. Y la gestión de esta crisis, que me parece gravísima, debe tratarse con sumo cuidado y respetando la inteligencia de sus clientes. De ser falsas las acusaciones, no deberían tener problema alguno en negarlas y reconducir tales acusaciones en una demostración de buenas prácticas. Sin embargo, de ser ciertas, se les debe exigir un cambio radical e inmediato demostrable.

Y no me sirven los rollos estos de “seguro que compras en Zara (o similar) y bla, bla, bla”, porque no estamos hablando exactamente de lo mismo. Aunque, por si acaso se me acusara de tal cosa, no estaría de más recordar que el señor Amancio Ortega no se jacta de tener un equipo de profesionales feliz a su alrededor, cosa que sí hace en la entrevista la señora Marta Ramoneda:«Con seguridad, es de lo que más contenta estoy, de la gente que trabaja con nosotros. Si algo nos hace sentirnos orgullosos es haber reunido un equipo tan talentoso y entusiasta. La Central es su equipo.» Que repito, si es cierto lo que dice, la aplaudo. Pero si no lo es, qué queréis que os diga, nos está vendiendo gato por liebre.