¡Feliz fin de año!

He estado a punto de escribir un post de esos larguísimos para explicar las maravillas y las desgracias de mi 2014. Pero eso ya lo ha hecho todo el mundo y qué queréis que os diga, estas cosas me dan un poco de pereza: ya sabemos que en redes todo el mundo ha tenido un año fantástico (FANTÁSTICO, en mayúsculas) y que nadie puede pedirle nada más a un año perfecto. A mi esto no me pasa, no todo me ha ido de putísima madre. Tampoco me quejo, pero es que hoy he leído tantos posts, tuits, etcétera, de felicidad absoluta que casi vomito el té y un arcoíris —sí, la RAE ya acepta el término arcoíris, todo junto—.

Y es que lo bueno ya lo he ido compartiendo por aquí y por allá durante todo el año. ¿Lo malo? No tanto, claro, que a uno le gusta aparentar tanto como a todos. Pero qué coño, hoy termina el año y os diré lo que me ha ido mal de verdad en este 2014: no he encontrado ni un puñetero trabajo en el sector editorial. Sí, hemos publicado un libro y tal, pero me refiero a un trabajo así desde dentro. Me puse a buscar como en octubre y, oye, nada de nada. Que si tienes demasiada experiencia y las prácticas no son para un perfil como el tuyo, que si vale, tienes mucha experiencia, pero en el mundo de la traducción, por lo tanto no nos sirve. Y lo que nadie dice: no tienes buenos contactos que te echen un cable. En fin. Yo sigo creyendo que hay algo, un sitio donde poder reciclarme para que me dejen un poco en paz con eso de la experiencia y los rollos. Porque mira, viendo cómo está la cosa, no creo que mi experiencia como gestor y mis ganas estuvieran de más.

Ahí queda eso.

Ah, y antes de que me olvide: ¿los mejores libros del año? De lo que yo he leído en 2014 —incluso sin ser novedades—, fuera de intelectualismos pedantes y sin que este orden sea de mejor a peor. Ahí van:

  • Mi gran descubrimiento del año, gracias a la recomendación que me hicieron en la librería La Calders: Plens de vida, A l’oest de Roma y La germandat del raïm, de John Fante y todos ellos publicados por Edicions de 1984.
  • Los que me dejaron atónito durante días y días: La muerte del padre y Un hombre enamorado, de Karl Ove Knausgård, publicados por Anagrama.
  • El que más me dolió: La benévola, de Laird Hunt, publicado por Blackie Books.
  • Los que llevaban años en mi lista y que gracias a Edicions del Periscopi y Males Herbes he podido leer en 2014: David Foster Wallace (L’escombra del sistema) y Kurt Vonnegut (Mare nit). Brillantes todos.
  • Por último, y no menos importante, el libro con el que he llorado y sonreído a partes iguales: La constelación del perro, de Peter Heller, publicado por Blackie Books. Una puta maravilla, en serio, tenéis que disfrutarlo.

He leído poco autor español este año, a ver en 2015.

Feliz año nuevo a todxs, besos, abrazos, que el 2015 os siga trayendo alegrías y cosas buenas buenísimas, y que lo malo o no sea tan malo o se pueda esconder a buen recaudo para que nadie lo note.

Y si no lo conseguís:

At least(Perdonad, no he podido evitar poner a los perretes a toda costa)